Déjame que te maúlle al oído nena, hasta más allá del amanecer.
Déjame que duerma a tu lado nena, hasta que la luna vuelve a aparecer.
Déjame que te diga nena, que en mi tierra de gatos…………….
Yo soy el rey.
Déjame que te maúlle al oído nena, hasta más allá del amanecer.
Déjame que duerma a tu lado nena, hasta que la luna vuelve a aparecer.
Déjame que te diga nena, que en mi tierra de gatos…………….
Yo soy el rey.
Justo en el momento en que el sueño roza el despertar y todavía estas con los ojos cerrados. En ese momento en que si no abres los ojos puedes robar un segundo y seguir soñando. En ese instante, tú está ahí.
En las pompas de jabón que reflejan luces de colores. Tan suaves, tan delicadas, explotando con su callado estruendo. Duplicándose y multiplicándose. Ahí estas tú.
En la galleta que nada sin flotador en el océano sin fondo de una taza de café, por supuesto descafeinado, con leche. Justo en el momento de hundirse en las profundidades abismales, justo, justo, tú está ahí.
En cada persona que me cruzo por la calle, que aparecen y desaparecen a la vez y en un mismo instante en mi vida, en ese instante tú está ahí.
En cada gota de lluvia que recorre mi cara mientras alzo mi cabeza para intentar recoger la máxima cantidad de perlas líquidas y solo en el breve instante antes de que exploten, tú estás ahí.
En cada cosa extraordinaria, normal, difícil o divertida, allí siempre está tú.
He aprendido a vivir con ello incluso con placer. Inconscientemente, en un recuerdo tan concreto, tan limpio, tan bonito, tan puro. Sin circunstancias, sin condimentos o añadidos. El recuerdo sin acuerdo que deja de serlo al convertirse en algo cotidiano y fácil, en la vida, en parte de ella.
Como dos algos que no pueden existir el uno sin el otro. ¿Qué es Mortadelo sin Filemón, o el jamón sin el pan con tomate o el mar sin olas?
Tú estás ahí.