martes, 5 de octubre de 2021

GATOLAND

 

Déjame que te maúlle al oído nena, hasta más allá del amanecer.

Déjame que duerma a tu lado nena, hasta que la luna vuelve a aparecer.

Déjame que te diga nena, que en mi tierra de gatos…………….

Yo soy el rey.


AHÍ

 

Justo en el momento en que el sueño roza el despertar y todavía estas con los ojos cerrados. En ese momento en que si no abres los ojos puedes robar un segundo y seguir soñando. En ese instante, tú está ahí. 

En las pompas de jabón que reflejan luces de colores. Tan suaves, tan delicadas, explotando con su callado estruendo. Duplicándose y multiplicándose. Ahí estas tú. 

En la galleta que nada sin flotador en el océano sin fondo de una taza de café, por supuesto descafeinado, con leche. Justo en el momento de hundirse en las profundidades abismales, justo, justo, tú está ahí. 

En cada persona que me cruzo por la calle, que aparecen y desaparecen a la vez y en un mismo instante en mi vida, en ese instante tú está ahí. 

En cada gota de lluvia que recorre mi cara mientras alzo mi cabeza para intentar recoger la máxima cantidad de perlas líquidas y solo en el breve instante antes de que exploten, tú estás ahí. 

En cada cosa extraordinaria, normal, difícil o divertida, allí siempre está tú. 

He aprendido a vivir con ello incluso con placer. Inconscientemente, en un recuerdo tan concreto, tan limpio, tan bonito, tan puro. Sin circunstancias, sin condimentos o añadidos. El recuerdo sin acuerdo que deja de serlo al convertirse en algo cotidiano y fácil, en la vida, en parte de ella. 

Como dos algos que no pueden existir el uno sin el otro. ¿Qué es Mortadelo sin Filemón, o el jamón sin el pan con tomate o el mar sin olas?

Tú estás ahí.

EL TRAJE

 

Era 16 de junio. Mientras se terminaba de retocar la pintura azul de los ojos, sentada delante del espejo del tocador, Vera recordaba como Víctor le había pedido ir al baile de fin de curso. Había sido su amor secreto desde los ocho años y ese año, el último del instituto, por fin se había visto cumplido su sueño. Víctor era uno de los chicos más atractivos del barrio y unía, a ese atractivo, un algo especial que enganchaba tanto a hombres como a mujeres. Era inteligente, guapo y simpático, en cambio, ella era más bien normalita. Una de esas chicas que no destacan del resto.

Durante estos años había salido con otros chicos pero en el fondo, siempre le había estado esperando a él.

-Vera, ¿quieres venir conmigo al baile de fin de curso?

Las palabras se le quedaron enredadas entre el corazón y la boca y no pudo decir nada, sólo asentir con la cabeza.

-Paso a buscarte a las nueve. No te entretengas.

Desde ese momento, Vera solo vivía para ese día.

Vera miró por centésima vez el reloj aquella noche. Pasaban de las doce.

Muy despacio, y con acostumbrados movimientos, empezó su ritual; se soltó el cabello gris que llevaba recogido en un anticuado moño, con un algodón se retiró el maquillaje dejando a la vista una piel ajada y unas profundas arrugas alrededor de los ojos y se quitó el vestido de fiesta y lo dejó sobre la cama. Con ojos tristes, su mirada acarició el tul amarillento de los volantes, el raso deslucido del cuerpo y los pequeños cristales que colgaban de los hilos medio deshilachados de las mangas.

Vera se puso la bata sobre la combinación con can can, anticuada y demasiado apretada, y se dirigió a la cocina. Abrió la nevera y saco la botella de leche.

-Víctor, cariño. Ven a tomar tu leche.

Por la puerta, con movimientos perezosos, apareció un gran gato gris maullando con timbre aburrido.

Vera, tras poner un poco de leche en un cuenco y acercárselo al gato, se sentó en una silla y apoyo un codo sobre el mantel de flores que cubría la mesa de la cocina.

-Ya ha pasado otro 16 de junio y, como todos los años, al final nadie viene a buscarme para ir al baile. Menos mal que te tengo a ti. ¿Vedad, querido Víctor?







NANORRELATOS PARA LEER TODOS EN UN RATO (2)

 

SIN DESPEDIDA

El eco de sus tacones se alejó taladrando mi cerebro.


SUEÑOS INFANTILES

Y la mar acompañó a la niña-sirena al horizonte.


EN EL OLVIDO

Con aquella calada aspiró los últimos retazos del pasado.


TRISTEZA

Ese día, las fotografías perdieron su color.


SI, NO, SI, NO.

Deshojando la margarita he vuelto a quedarme en tablas.


FURIA

Y sus ojos se tornaron del color del mar embravecido.

NANORRELATOS PARA LEER TODOS EN UN RATO

 

El tiempo se acaba

Tic, tac, tic… tac… tic… tac.


Mi vida

Partida de ajedrez en la que llevo negras.


Duerme pequeño.

Susurra mientras congela el puré de cianuro.


Matarratas

Lee mientras el cuerpo cae sobre el plato.


Cómo alma en pena

Vaga el fantasma enamorado.


Soy

Relatos tatuados en mi piel desnuda.


Motas de polvo cabalgan

Sobre el rayo de luz recién descubierto.


He descubierto que tengo cabeza

Y he empezado a usar sombrero.