domingo, 30 de octubre de 2016

El caballero blanco


Marchaba un caballero
por el campo del honor,
un campo de grandes cuadros.
Blancos y negros. ¡Sí, señor!

Delante del rey negro
de rodillas se postró,
y en nombre del rey blanco
de la princesa, para él, la mano pidió.
Altanero el rey dispuso,
que su hija valía más,
y echando al caballero,
la guerra declaró.

Cuando el rey blanco se enteró,
comentó enojado
-¡Qué se ha creído! -estaba irritado.
-¡A mí me ofendió!

Formados los ejércitos estaban.
Los caballeros, los soldados y escuderos
fuertemente se armaban
y ultimaban sus deseos.

Rugían las armaduras
ante la espera.
Llegaban horas muy duras,
y por desgracia de guerra.

El campo blanco empezó el ataque,
con sutileza un peón movió.
Su gran ilusión era dar jaque,
pero el negro con vehemencia respondió.

Cada pieza fue movida
con tacto y delicadeza,
pero poco a poco se convertía
en una batalla de gran crudeza.

El rey negro que era muy pillo, 
en el castillo se enrocó.
"¡Y sí perdía la guerra! ¡qué descaro!",
se ofendió.

Un grito en el campo se escuchó:
"Enroque, enroque. ¡Qué cara!
Tras la torre se escondió,
¡Pues le vamos a dar caña!"

Osado y muy valiente,
el caballero, el castillo alcanzó
y luchando con uñas y dientes,
el gran estandarte arrancó.

-Declárate vencido, en jaque.
 Con fuerza gritó.
-No tienes ya escape.
Con emoción susurró.

El rey, viéndose vencido,
a sus pies se arrojó.
-Clemencia, valiente amigo.
Llorando se arrodilló.

Saltando del gran tablero,
mi caballero llegó
al lado de la princesa,
y en brazos la cogió.

Cuando juntos se sintieron, 
en ellos el amor creció,
en un abrazo se unieron
y una historia de amor, aquí empezó.




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