Los crujidos oxidados de una cama rompen el silencio de la noche.
–¿Oyes, querida?
Parece que hay nuevos inquilinos en la casa de al lado. Ya era hora de que
hubiera sangre nueva en el vecindario y, además, parece joven.
–Deja de
remolonear como haces desde hace más de un siglo, envuélvete en tu capa y
cuélgate de la viga del techo. Mañana pasaremos a darles la bienvenida.
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